Tormenta
Me gustan las tormentas. Desde que era niño. Ese momento en que el cielo se oscurece, parece el preludio de algún cambio decisivo. Es como si el mundo contuviese la respiración, en espera de que ya nada vuelva a ser como era antes. Después, la tormenta pasa, las cosas continúan siendo tal como eran y tú sigues esperando la tormenta que por fin ponga todo patas arriba, mientras buscas un lugar donde secar tus ropas empapadas. —No te olvides de Gaza. Ni de Cisjordania tampoco—